Chaves Nogales, el narrador olvidado

4 Nov
Chaves Nogales con aire a Kevin Costner. manuelchavesnogales.info

Chaves Nogales con aire a Kevin Costner. manuelchavesnogales.info

“La buena gente se diferencia del resto en que resulta mejor cuanto más se la conoce”. La frase de Bertolt Brecht es aplicable en literatura a aquellos que lejos de defraudarte en posteriores lecturas te van cautivando hasta convertirse en algo cercano a una obsesión. Es el caso de lo que me está ocurriendo con Manuel Chaves Nogales (Sevilla 1897-Londres 1944) un intrépido periodista, viajero incansable -en los tiempos en los que viajar no era precisamente un hobbie- y un narrador de historias y contextos irrepetible. Cuando la periodista Silvia Calado me habló de las peripecias de Juan Martínez, un bailaor burgalés al que la revolución bolchevique sorprendió en Rusia no podía ni imaginar la novela tan auténtica, tan descarnada, tan importante que hay en “El maestro Juan Martínez que estaba allí” (Estampa, 1934).

Lo primero que leí de Chaves Nogales fue su biografía novelada de Juan Belmonte (un personaje magnético y figurón indiscutible del toreo de la primera mitad del siglo pasado).  El escritor se aferró al torero para hablarnos de la sociedad que le tocó vivir, la de aquí y la de la América que tanto frecuentó, de sus preocupaciones y ocupaciones, de sus dificultades, de las hambres y de los señoritos. El lector que llega a “Juan Belmonte, matador de toros” (Estampa, 1935) buscando historias de la tauromaquia se topa de frente con historias de superación, de fatigas, de picaresca, de bohemia y de dignidad que trascienden el mundo de los toros.

En “El maestro Juan Martínez que estaba allí”  Chaves Nogales vuelve a buscar un personaje con aura para contar de primera mano (sin duda porque muchas de las vicisitudes que atribuye al bailaor las vivió el periodista en su propia piel) lo que aconteció en la revolución rusa de 1917. Con un lenguaje sobrio pero rico en matices va construyendo la historia de unos días marcados en rojo (nunca mejor dicho) en los manuales.

“Como no lo pruebes no sales de nuestras uñas, canalla”

De baile flamenco o coreografías gitanas casi ni rastro. Cuando la vida es la que peligra no hay tiempo para detenerse en descripciones artísticas salvo que estén al servicio de la misma historia. Cuenta el libro que una de veces que los bolcheviques recuperaron el poder mandaron a todos los artistas de tourné por los pueblos para reunir a las masas para sermonearlas después de los espectáculos. En una de esas Juan Martínez y su inseparable Sole iban en un tren con las ropas de gala cuando un grupo de soldados los asaltaron acusándoles de burgueses y pidiéndoles que demostrasen ser proletarios: “como no lo pruebes no sales de nuestras uñas, canalla” amenazaban. Tras un momento de silencio Juan Martínez “les mostraba, metiéndoselas por las narices, las palmas de mis manos deformadas por dos callos enormes cuya contemplación causó un gran estupor en aquellas gentes. Eran los callos que a todos los bailarines nos salen de tocar las castañuelas. Ellos me salvaron”.

De los que perdieron la guerra y la literatura

Sin duda, uno de los grandes logros de Chaves Nogales es la conquista de la equidistancia entre los bandos (blancos zaristas y rojos bolcheviques principalmente) que van entrando y arrasando alternativamente la ciudad de Kiev. Esa posición de privilegio, tan en desuso entre periodistas y escritores aún hoy, solo  se consigue desde la empatía con el pueblo que pasa hambre, sufre vejaciones o pierde la vida, el pueblo que siempre está a merced de los caprichos del poder. Ese equilibrio que está presente en la mayoría de sus escritos solo se pierde a ratos en sus libros y artículos sobre la Guerra Civil española –especialmente en A sangre y fuego. Héroes, Bestias y Mártires de España”(Ercilla, Santiago de Chile, 1937)ya que era republicano y con el avance Nacional tuvo que exiliarse a París. No sé si estos datos tienen algo que ver con que un escritor tan brillante sea aún tan desconocido. Como dice Andrés Trapiello en el prólogo del libro “era uno de los escritores que quedaron sepultados por la guerra y el exilio, otro de los que perdieron la guerra y la literatura, a diferencia de la mayoría de sus colegas que, o bien ganaron la guerra o bien ganaron los manuales de literatura”. Genial.

La Caballería Roja, de Malévich que puede verse en La Casa Encendida. © 2011, Museo Estatal Ruso, San Petersburgo

La Caballería Roja, de Malévich que puede verse en La Casa Encendida. © 2011, Museo Estatal Ruso, San Petersburgo

La casualidad ha querido que coincidan la lectura de este libro con la inauguración en La Casa Encendida de la exposición “La Caballería Roja. Creación y poder en la Rusia soviética de 1917 a 1945”. Está claro que con la lectura del libro es más fácil comprender muchos de los aspectos de esta muestra que lo que quieres es enseñar cómo escritores como Ajmatova, Pasternak o Babel, pintores como Kandisky, Malévich o Deineka, cineastas como Einsestein o Vertov o autores teatrales como Mayakovsky –que constituyen la mayor concentración de talento de la historia en un periodo y un lugar concretos – se ponen al servicio de la revolución en la búsqueda de una sociedad nueva y acaban siendo aplastados por el mismo sistema. No os la perdáis.

Ahora María Isabel Cintas ha sacado la primera gran biografía del autor sevillano “El oficio de contar” (Edit. Libros del Asteroide): como decía Antonio Lucas el pasado 13 de octubre en El Mundo “Casi 400 páginas que recosen la existencia deshilvanada de uno de los grandes hacedores de periódicos del siglo XX: desde su nacimiento en Sevilla, en 1897, hasta su muerte en Londres durante la Segunda Guerra Mundial, en mayo de 1944, una aventura vital hecha de mudanzas por dentro y por fuera, de viajes y exilios, de artículos entregados a decenas de cabeceras y agencias como un repartidor de sí mismo, desde que tenía 15 años y la verdad olía a plomo y a tinta rebajada con vinagre…”.

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3 comentarios to “Chaves Nogales, el narrador olvidado”

  1. Silvia Calado noviembre 7, 2011 a 10:46 am #

    Qué país este empeñado en silenciar. Miramos a aquella Rusia con espanto… y nos olvidamos de mirar nuestros propios silencios. Y nos olvidamos. De esa desmemoria histórica fue víctima Chaves Nogales, que a la vez fue una víctima de todos los frentes. Leerlo es una necesidad y una obligación, una inspiración y una enseñanza… y, sobre todo, un gozo. Me alegro de que seas otro contaminado de “nogalismo” (usaría “chavismo”, pero para qué confundir). Seguimos leyendo.

  2. Flamencólicos. Blog de Jonduras. noviembre 7, 2011 a 10:51 am #

    Así es Silvia.. Disfrutemos de ese fenómeno al que franceses o ingleses tendrían en palmitas. Estos días me pregunto cómo sería Chaves Nogales en el siglo XXI.
    D

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  1. ImprescinDisco I: Tauromagia, de Manolo Sanlúcar « Flamencólicos - febrero 24, 2012

    […] post queda algún antitaurino leyendo le aconsejo que – como ya hice cuando recomendé leer el Belmonte, de Chaves Nogales – se olvide de la temática y disfrute, porque hay mucho […]

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