Johnny: el último escenario de Camarón

25 Nov
La última noche de Camarón. Nacho Prieto

La última noche de Camarón. Nacho Prieto

“Las cuento y no están cabales, yo las contaba y no están cabales/faltan la tuya y la mía que son las dos principales”. Cuando Camarón se templó con esa letra por soleá la tensión se cortaba en el aire. La fragilidad manifiesta del cantaor, las incertidumbres vividas hasta momentos antes del evento y su voz con más duendes que nunca presagiaban una noche intensa. Lo que era imposible de saber era que los que estábamos allí estábamos siendo partícipes de un momento histórico, el último concierto de Camarón. Ese escenario mítico del San Juan por esta y por muchas más noches de magia fue distinguido ayer con la medalla de Oro de las Bellas Artes. Gloria al Johnny.

En 1970 un entusiasta grupo de universitarios de Madrid decidió crear un club de música. La razón, estaban hartos de hacer colas delante del Teatro Real y decidieron llevarse la música a casa, a su Colegio Mayor. Han pasado 41 años y la sala de conciertos del San Juan Evangelista, el Johnny, que ha visto pasar a muchos de los mejores músicos internacionales de los más variados estilos, ha pasado en solo unos meses de una amenaza de cierre a recibir de manos del Rey la Medalla de Oro de las Bellas Artes. Los más de cuatro años intensos que viví allí han marcado mi vida. Fueron muchos los conciertos que pasé entre los camerinos y las escalerillas que dan acceso al escenario, pero la última noche con Camarón merece ser contada.

Era el 25 de enero de 1992, segundo día del Festival Flamenco Por Tarantos. José Monge Cruz, Camarón de la Isla, se sienta por última vez frente al público. Sólo 700 personas, 250 más de lo permitido, pudimos disfrutarlo y eso que las entradas costaron 4.000 pesetas (24 € de hoy). Creo que nunca se ha vuelto a superar esa cifra en ninguno de los conciertos del Johnny. Para Alejandro Reyes, fundador y alma mater del Club de Música “se trataba de restar público al recital para no encontrarnos con problemas en las puertas”. Pero la medida no tuvo el efecto deseado. Media hora antes del comienzo, varios cientos de personas sin entrada reclamaban su derecho a disfrutar del cantaor de San Fernando. Las artimañas para entrar fueron de lo más variado y los “primos calós” del cantaor se multiplicaban por momentos. Ricardo Arjona, uno de los colegiales encargados de taquillas, recuerda las ofertas tentadoras que recibió: “uno de los primeros de la cola me quería pagar el Viaje de Paso de Ecuador; otro me enseñó 40.000 pesetas para que le vendiese mi pase de la organización, e incluso un flamenco me quiso sobornar con una piedra de hachís del tamaño de una ciruela”.

Camarón con Tomatito. Nacho Prieto

Camarón con Tomatito. Nacho Prieto

Un famoso guitarrista de Jerez percutía contra la puerta de entrada: “que me ha dicho mi primo José que me dejaba una entrada aquí” pero el imberbe colegial le cerraba el paso. Al rato volvía a intentarlo esta vez con un radiocassette enorme “que me ha llamado mi primo José para que le baje esto porque se le ha olvidado una letra y que quiere escucharla”. Al final pasó.

En esas fechas Camarón no subía a un escenario por menos de 4.500.000 pesetas. “En aquella ocasión –comenta Alejandro – rebajó su caché a 2.500.000 por ser un aforo tan limitado y por tratarse del San Juan donde tan a gusto se había encontrado en 1973 y 1990”. El primer día del festival había sido un desastre por la no comparecencia de Chiquetete, que presentó parte médico para no acudir al que iba a ser su regreso al cante jondo, y Manuela Carrasco, que se había hecho un esguince grabando la película de Carlos Saura “Sevillanas”. Muchos comenzaban a temer la “espantá” de Camarón, algo que ya había hecho en demasiados festivales.

Un par de horas antes del comienzo del concierto en los camerinos se recibía una llamada desde el Hotel Príncipe Pío que anunciaba que José no podía actuar por problemas con su dentadura. La verdadera razón era el cansancio acumulado por el artista ya que la noche anterior habían actuado en Nimes, Francia y, debido a su miedo a volar, tuvo que viajar por carretera. La mediación de Tomatito, paisano y amigo personal de Alejandro Reyes, hizo que en media hora apareciesen en el San Juan.

La cláusula de los 15 minutos

Aún así el resultado seguía siendo una incógnita. Cualquier cosa que incomodase al cantaor echaría por tierra el trabajo. Su falta de seriedad había llevado a muchos de los empresarios que le contrataban a firmar la cláusula de los quince minutos que le obligaba a permanecer al menos ese tiempo delante del público. En esa ocasión no se firmo nada semejante ni falta que hizo. Camarón subió al escenario con la misma inseguridad de siempre, con una expresión entre la tristura y la timidez. Según cuenta la prensa de los días posteriores: “comenzó a templarse por soleares sin saludar siquiera. La expectación se tornó en locura colectiva y el de La Isla fue haciéndose fuerte por tarantos, enamorando por bulerías y tientos y se rompió por fandangos para alcanzar el éxtasis. Los camaroneros se partieron la camisa y los que no lo eran, se hicieron”.

Vi el concierto desde un agujerito en la cortina de acceso al escenario, compartiendo el boquete con dos cantaores almerienses, Juan Gómez y José Sorroche, que solo suspiraban. Desde allí veía a mi compañero de habitación Nacho Prieto que a pié de escenario no paraba de tirarle fotos a Camarón con su Minolta. Hoy esas fotos que ahora comparto con vosotros forman parte de la historia del flamenco.

El último fandango

Al día siguiente el casette con la grabación del concierto corría como un reguero de pólvora entre las habitaciones de los colegiales (¡hasta los canarios la querían!). Nos sabíamos hasta las pausas. Son 43 minutos de gloria, de cante sin tacha, de verdad absoluta del flamenco que desde el año pasado, gracias a Universal y al empeño de dos colegiales honoríficos Juan Verdú y José Manuel Gamboa, está en todas las tiendas de discos. Ahí encontraréis el fandango que Camarón nos regaló en el bis. La letra de cierre, la última que cantó sobre un escenario decía así. “Chiquetito, que apenas andadaba, y un día sin esperarlo sin padre yo me quedaba. Chiquetito que apenita andaba y mi madre se había buscado la vida, pa darnos de comer a ella, a mis hermanitos y a mi, partió un luto de mi padre que hacía tiempo se lo guardaba”.

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4 comentarios to “Johnny: el último escenario de Camarón”

  1. Antonio Alcántara noviembre 25, 2011 a 10:03 pm #

    Muy bueno el artículo, David. ¡Qué suerte el haber estado allí! Te dejo un artículo que escribí el 2 de julio, en el 19ª aniversario de su sempiterno adiós y te invito a leer mi blog ‘Sobre el tablao’. Un saludo y encantado, aunque sea de manera virtual.

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  1. ImprescinDisco: La Leyenda del tiempo, de Camarón « Flamencólicos - junio 29, 2012

    […] Johnny: el último escenario de Camarón […]

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