Una noche con Guadiana

25 Nov

Guadiana. Foto Tablao El Cordobés“Una fiesta se hace con tres personas, uno baila, otro canta y el otro toca. Se me olvidaba de los que dicen ole y tocan las palmas, tocan las palmas, tocan y tocan las palmas”, grabó Paco de Lucía en su Cositas Buenas. Más allá de la juerga como reunión más gozosa de los flamencos, las peñas representan el lugar propicio para la invocación de los duendes. Unas células básicas para el funcionamiento del organismo flamenco que parecen sufrir, pero menos que los grandes teatros y festivales, los embates de la crisis. Anoche vivimos el ejemplo de la calidez del cante de cerca con Guadiana en la Peña Flamenca Paco del Pozo de San Sebastián de los Reyes.

Las peñas flamencas son sin duda el venero del que salen los cantaores y tocaores que luego nos emocionan desde los más importante escenarios. Espacios donde todos aprenden y donde el error se permite como método de entrenamiento de los flamencos noveles. Pero las peñas han sido también, desde siempre, el espacio idóneo donde sentir en una dimensión más humana a cantaores grandes que pasados los festivales veraniegos bajaban su cache para poder llevar unos jurdós a casa en invierno.

Hace unos años que en San Sebastián de los Reyes, Madrid, un grupo de vecinos quisieron agruparse para celebrar que compartían ciudad con un gran cantaor, Paco del Pozo, que tras ganar la Lámpara Minera intenta abrirse camino en el complicado mundo flamenco. Los socios de esta peña son de los que prefieren “una fiesta grande a muchas chicas”, como decía mi abuela. Por eso no son de quedar cada semana y se reúnen a cenar una vez cada dos meses para escuchar a cantaores que los levanten de las sillas. Grandes artistas como José de la Tomasa, Mariana Cornejo, Márquez el Zapatero, Diego Clavel o algunos jóvenes como Toñi Fernández o Antonio Reyes han pasado ya por el restaurante El Jerezano, sede de la Peña.

25 noches inolvidables

Anoche había que celebrar las bodas de plata de estas reuniones para lo que acudieron a un cantaor tan especial como Guadiana. Reconozco que no soy objetivo y que me he tragado a bailaores que no me decían nada porque de las partes en sombra del escenario salía esa voz gitana tan personal. Guadiana suena flamenco hasta leyendo las páginas amarillas o poniendo a caldo a Mourinho como pasó anoche minutos antes de salir a cantar.

Antonio Suárez Salazar llegó de su Badajoz a Madrid cuando tenía 16 años avalado por su tío Porrinas de Badajoz y detrás de su hermano Ramón El Portugués. Ahora lleva décadas convertido en cantaor de culto. Es de todo menos un cantaor lineal y su carrera no tiene nada que ver con planificaciones ni objetivos pero esa manera de rizar el cante, de agrupar y estirar los tercios, de acelerar y atemperar los pellizcos es única.  Anoche, cuando arrancó a cantar por soleá nos agarró dulcemente por las solapas para decirnos aquí estoy yo. Guadiana tiene dentro de la garganta a un coro de chaborrillos que se lanzan a morderte en los brazos cada vez que abre la boca.

Ayer los 20 privilegiados -contando a dos niñas que combatían el sueño- pudimos disfrutar de aquellos palos en los que se encuentra más cómodo y también otros que no suene frecuentar y que no encajan tanto con su manera de cantar como cuando abordó una malagueña que remató por jaberas. “Estos cantes no los canto nunca pero no tienen que perderse”, explicó. A su lado se sentó Jesús del Rosario un gran guitarrista madrileño que 24 horas antes estaba tocando en el Auditorio Nacional en la presentación de María Toledo en ese templo musical. Jesús no le pone caras al toque –su gesto puede ser parecido al que lee un prospecto farmacéutico- pero siempre facilita el éxito del que tiene al lado. Destacó especialmente su toque en las originales  granainas que Guadiana remata por abandolaos.

Sonakai, último disco de Guadiana

El cantaor pacense llegó con su nuevo disco – una caja de ellos, para ser exactos- debajo del brazo. Según nos contó, en Sonakai está la última grabación de Enrique de Melchor en una soleá preciosa que se llama En Manos de Dios. Enrique de Melchor falleció recientemente y el próximo 3 de diciembre flamencos como José Menese, José Mercé, Carmen Linares, Gerardo Núñez o José de la Tomasa le dan un homenaje en el Teatro de la Zarzuela para recaudar fondos para su familia. Aunque no es una peña, si podéis, no os lo perdáis.

10 años de flamenco de cerca

Hablando de Enrique de Melchor, el guitarrista sevillano estuvo acompañando a José Menese en la inauguración de esta peña el 23 de noviembre de 2002, hace justo ahora 10 años, en una velada en la que también actuó el titular de la misma Paco del Pozo con la guitarra de Jerónimo Maya. Son socios de honor -y aficionados asiduos- Félix Grande y Paca Aguirre, ambos Premios Nacionales de Poesía y, sobre todo, grandes embajadores del flamenco.

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