Tres años de flamenco sin Terremotos

10 Feb

El próximo miércoles hará tres años que nos dejaba Fernando Fernández Pantoja y con él desaparecía el “apellido” que su padre, Fernando Fernández Monje, había situado en los altares del flamenco. Los dos Terremoto murieron antes de su hora pero al menos el hijo dejó grabado un disco que sigue mejorando con el tiempo. Pequeño consuelo para tanta pérdida.

Fernando Fernández Monje, Terremoto de Jerez, (Jerez de la Frontera 1934-1981) era una criatura especial. “Si no estaba cantando estaba bebiendo en mitad de un  nebuloso hermetismo o hablando de cosas cuya clave solo él conocía. No podía explicar lo que pensaba sino por medio del atávico recurso de un grito. Cruzo por la vida como un extraviado, como un humilde y suntuoso portavoz de su pueblo*” sentencia su paisano José Manuel Caballero Bonald. Para el premio Cervantes 2012 la libertad de Terremoto fue clave para ocupar un lugar privilegiado en la música jonda. “Se ha dicho que Fernando Terremoto se desentendía de lo que se ha considerado como clásicos esquemas musicales del flamenco. Es muy posible y hacía bien. Terremoto era un heterodoxo , como lo fueron a su manera los grandes creadores del cante”, apunta.

Cuando cantaba mal…

Compartió infancia con otro paisano cantaor Romerito – como hicieran Camarón y Rancapino y otras parejas de fatigas-. Pateaban calles y bares, uno cantaba y otro bailaba y luego al revés y los dos pasaban la gorra. Así hasta que un día Pulpón, el cazatalentos flamenco por excelencia, dio con ellos y se los llevó para Sevilla. A partir de ahí comenzó una carrera que sumaba y restaba adeptos por doquier. Conquistaba corazones en los días de inspiración y los alejaba cuando no era su día. Fue el Rafael de Paula del cante.  “Cuando estaba inspirado y tenía ese, ese, esa luz, que no sabemos lo que es, entonces lo que echaba fuera era un brillante, una cosa extraordinaria, cuando cantaba mal cantaba peor que todos los cantaores que hayan cantao mal”, comenta el guitarrista  Manuel Morao.

Fernando Fernández Pantoja, Fernando Terremoto -durante algún tiempo anunciado como Terremoto Hijo- heredó su eco pero, puede que acomplejado por la personalidad del padre,  decidió hacerse guitarrista. No fue hasta que tenía 20 años -ocho después de la muerte del mismo- cuando dio un paso al frente. A partir de ahí luchó por encontrar su propio sitio desde la regularidad y la profesionalidad pero yendo paso a paso sin querer hacer alardes de apellidos. Por eso se curtió en peñas y en espectáculos de baile junto a Antonio El Pipa y más tarde junto a Israel Galván. En 1998 arrasó en el Concurso de Cante Flamenco de Córdoba llevándose tres de los premios. Sin llegar nunca a los primeros puestos del escalafón su carrera siguió creciendo hasta que una enfermedad le hizo pasar por el quirófano un 13 de febrero de 2009 y, justo un año después, acabó con su vida.

En el caso de los cantaores de inspiración es complicado medir su grandeza por las grabaciones que han dejado, sobre todo porque las vivencias entorno a su figura trascienden lo musical. Ese estado de nervios que podía vivirse minutos antes de la presencia sobre un escenario de Terremoto de Jerez no hay disco ni video que lo transmita. Aun así, dejó media docena de discos con momentos que muestran al genial cantaor que fue.

De lo rancio a lo popular

Sin embargo, Fernando Terremoto, dejó un testimonio que vio la luz meses después de su muerte (una parte del mismo se grabó estando ya enfermo) y que sí puede hacer justicia a lo que fue su figura. No sólo porque “Terremoto” muestra alcantaor en plenitud de facultades sino porque responde a ese artista abierto, capaz de ensamblar sin fisuras tradición e innovación, lo rancio y lo popular. Temas como la liviana-serrana (que se rematan con los pies de Israel Galván) , el tango argentino Cambalache o la preciosa bulería Luz en los balcones (en el vídeo) son muestras de ella. La seguiriya, de las que saben a sangre, termina en desconuelo: “Opaito Fernando lo que yo daría por yo tenerte si quiera un ratito a la vera mía”.

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Detrás del disco –y de su carrera- había mucha gente que además de admirarle profesionalmente le querían en lo personal. Gente como Cisco Casado y Chema Blanco, de A Negro producciones, el músico extremeño Gecko Turner –productor del disco- su guitarrista Alfredo Lagos o Pedro G. Romero, quien escribe “Si Terremoto es para muchos el Antiguo Testamento, su hijo Fernando resulta el evangelio: comunicación, amor, universalidad. Conserva el misterio de lo impenetrable, la seguiriya, pero se abre a tonos, armonías, afinaciones , en fin, música de todo uso horario. No sólo es de noche. Fernando era capaz de abrir su casas a cualquier hora del día”.

*de La Discoteca Ideal de Flamenco, de Ángel Álvarez Caballero (Planeta)

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