Paco del Pozo y la chulería del flamenco de Madrid

10 Jun

paco del pozo_4Madrid para el flamenco es mucho más que la fonda donde venían a parar los artistas del sur cuando querían ganarse los jurdós. El roce hace el cariño y desde los comienzos los autóctonos fueron impregnándose de lo mejor que traían los cantaores, bailaores y guitarristas de fuera. Eso es lo que ha querido contar – y reivindicar – Paco del Pozo en su espectáculo Entrar cantando en Madrid, que este domingo se presentó en el Teatro de la Abadía, dentro del Festival Suma Flamenca. La propuesta – que sirvió para ver a dos grandes madrileños como Concha Jareño y el propio Paco del Pozo – es una investigación profunda que nos ayuda a detenernos en figuras como el vallecano Angelillo y a descubrir a otros cantaores del foro como Chato de las Ventas, Chata de Vicalvaro o El Mimi. Además, sirve como homenaje a otros flamencos que hicieron carrera en la capital como La Paquera, Chacón o Morente.

“Viva el Madrid calesero, de los chisperos, cuchilleros y embajadores. Viva el Madrid cortesano que le da la mano a los gitanos y a los señores”. Cuando escuchéis esta copla por bulerías no se os irá de la cabeza*. Con este tema se presentó Luisa Ortega -hija del maestro Caracol- en Madrid. Tanto éste como otros temas de ilustres cantaores con relación directa con la capital los descubrió  Paco del Pozo en unos discos de pizarra de un amigo suyo que son la base de este espectáculo que ahora se ha presentado en el Festival Flamenco de la Comunidad de Madrid. En toda esta labor de investigación y en el diseño del espectáculo ha colaborado otro madrileño, el flamencólogo José Manuel Gamboa, que aparece en algunas ocasiones sobre el escenario para reforzar la vocación pedagógica y arqueológica con la que nace la propuesta.

En la primera parte, además de la bulería de Angelillo, Paco del Pozo se detiene en la malagueña de Chato de las Ventas y la jabera y las alegrías de Chata de Vicálvaro“tiene nada más que un disco, pero qué disco”, apuntó el cantaor -, una rotunda soleá de El Mimi y la exigente cabal de Silverio Franconetti. El de San Sebastián de los Reyes no se permitió ni siquiera la concesión de hacer cantes y letras conocidas que podían venir al caso como la malagueña de Chacón “Viva Madrid que es la corte…” y ha elegido letras, cantes y cantaores desconocidos o en desuso. De lo poco que sonó a ya oído fueron las colombianas que sirven para recordar al mismo tiempo a Marchena y a Morente.

Monumento a los Caracoles

Una partitura proyectada sobre la pared, la caña de Carmen Amaya sonando en instrumental, un foco cenital y una bailaora vestida de negro marcaron uno de los momentos cumbres del espectáculo. La sobriedad y la elegancia de Concha Jareño traspasó la cronología flamenca y nos transportó a otras épocas. En esta segunda parte, con mucho más ritmo, unas sevillanas, la graciosa bulería de la bombilla de Pericón y unas jotillas de los gitanos de Madrid dedicadas al gran Farruco – que aunque vivió en Sevilla había nacido en Pozuelo – y que Juana la del Revuelo grabó hace años. Después, los dos cantaores que ayudaron en las palmas y los jaleos, Pedro Obregón y Pedro Sanz (este también de Madrid,) se batieron en un duelo de fandangos del Niño de Tetuán y Angelillo para recordar la época de la Ópera Flamenca. Tras unos tangos de La Paquera dedicados a la Gran Vía, el momento culminante llegó con los Caracoles, esas cantiñas de Chacón que se han convertido en el cante de Madrid. Concha Jareño y Paco del Pozo las han interpretado juntos muchas veces y es aquí donde alcanzan una emotividad difícil de aguantar. El cierre- por rumbas y tangos- recuerda a grupos como Las Grecas o Los Chichos y a artistas como Manzanita, Morente o Paco de Lucía y se para en las noches del Candela, del Cardamomo y del Burladero.

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Ni perdón, ni permiso

En definitiva un espectáculo con el que disfrutamos y aprendemos que merece ser programado en los principales festivales de la geografía jonda en el que hay que señalar de manera especial al autor de la música, Paco Vidal. Su guitarra –secundada por la de José Almarcha y el cajón de Roberto Vozmediano – sonó de nota a pesar de que algunos cantes como la jabera, las alegrías o los tangos/tanguillos tienen cambios que se las traen. La ovación cerrada del final debe ayudar para que muchos artistas del foro dejen de sentir que tienen que pedir perdón y permiso por ser flamencos de Madrid.

Paco del Pozo -que actúan mucho menos de lo que su calidad merece- se despidió del escenario con su gorrilla castiza calada, el pulgar en la solapa y un “señores, todo de Madrid, que sí”.

*Este cante, junto con una entrevista y los tangos de la Gran Vía podéis escucharlo en este link del programa Duendeando de Radio3 (a partir del minuto 30).

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