Félix Grande, que estás en los cielos

1 Feb
Félix Grande. imagen ABC.es

Félix Grande. imagen ABC.es

Tenía tanta gente de la que despedirse que no se despidió de nadie. Félix Grande se ha ido a la francesa porque en el fondo se queda. Sólo salió un momento a buscar a Manuel Torre, a Silverio, a Ana La Piriñaca o al loco Macandé, esos personajes enigmáticos que alimentaron su vida y, a través de su palabra, la nuestra: “Me conmueven porque ellos son el resumen de siglos de pena y de verdad, y una alfombra magnífica de música por la que podemos caminar sin herirnos los piés pero hiriéndonos los pelos de los brazos”, dice en su Memoria del Flamenco. Se ha ido un ratito, pero luego vuelve.

En los tres años que lleva abierto este blog no me había atrevido a escribir sobre una de las personas que mejor ha contado y pensado el flamenco, aunque lo he citado más que a nadie. Muchas veces lo había valorado pero el vértigo aplazaba el momento. Demasiadas lecturas, conferencias, entrevistas, ratos cerca de él para contar en una cuartilla. Hoy la triste actualidad y, sobre todo, la necesidad de compartirlo (aunque duela) convierten este artículo en una necesidad vital, en un desahogo. “Yo le debo al flamenco tantas horas de plenitud ¡Me ha dado tanta pomada en las cicatrices!”, me decía un día en una entrevista. Buscando ese consuelo encontré un oblivion de Piazzola al que dos de sus músicos de cabecera, José María Gallardo del Rey y Paco del Pozo, habían entrelazado un poema suyo:

Mi corazón sin norte, repleta está mi vida,
he mirado al espejo a altas horas de la noche.
Y me he visto fundido con rostros y con nombres
que habitan por mis canas como por panteones
que me miran con ojos amorosos y enormes,
repleta está mi vida y mi corazón sin norte.
Y los años veloces,
los recuerdos empiezan a doler como golpes.
No quiero ver el tiempo mientras avanzando siguen
las horas infinitas y los años veloces.

Escucharle en una conferencia, en el salón de su casa o en la barra de un bar era exponerse a recibir información en forma de latigazos que tardabas tiempo en asimilar. Porque el poeta no sólo escribía con una brillantez y una profundidad superior, además su manera de contar las cosas lo convertían en emocionador profesional. Félix se recreaba contando el motivo por el que dejó la guitarra bajo llave, culpando de ello a Paco de Lucía y el complejo y la frustración que le producían escucharle. En una ocasión, para que viese que se trataba de algo casi existencial en su vida, me dijo: “Tengo que confesarte una cosa, la nostalgia de la piel de la guitarra me ha durado mucho más en las manos que la de ninguna mujer de este mundo. Estuve año y medio muy mal. Entonces vivía mi hija aquí y cuando ellas, mi hija y mi mujer, se acostaban me ponía en los cascos discos de guitarra y me pasaba dos horas llorando”.

La voz y los silencios

Esa voz grave, esa manera de usar el lenguaje, de armar los silencios como subrayadores de grandes frases, hizo que algunos años tuviese más bolos por España que muchos de los cantaores a los que admiraba. El dinero no importaba si la causa lo merecía. Acudía, siempre que le llamamos para que nos ayudase en las presentaciones de los Festivales Flamencos que organizábamos para la ONG Solidarios. Uno de los años subió a presentar a José Menese. Sacó del bolsillo un papel y, entre silencios estremecedores, leyó (aunque se lo sabía de memoria) aquel versó que Rafael Alberti escribió en su exilio de Roma cuando recibió el primer disco del cantaor de La Puebla. “Tan solo penando sin saber que un día una voz que me vino de lejos me consolaría. Voz que me cantaba los años oscuros, las fatigas de todos mis muertos entre cuatro muros. El arranque ciego, la sangre valiente y ese toro metido en las venas que tiene mi gente…”. Cuando terminó, con el público en éxtasis, al bueno de Menese le costó unos minutos salir al escenario.

Recuerdo un miércoles santo que había quedado a comer con Paco del Pozo. De alguna manera a las 8 de la tarde seguíamos en el Areya haciendo del gintónic el isostar de las risas. Cuando los equilibrios se echaban de menos Paco se acordó de que había quedado para cenar en casa de Paca y Félix. La cara se le desencajó: “Pero cómo me presentó así. Vente conmigo que así se nos nota menos”. ¡Valiente idea! Las horas que siguieron fueron un ejemplo más de la elegancia, del hacer grande el verbo acoger, del juzgar lo justito, de esa adorable pareja que ni esa noche ni las que siguieron comentaron nada sobre el lamentable estado en el que aparecimos. Sé que esa noche hablamos del abuelo Palancas porque el libro estaba recién salido pero al día siguiente no era capaz de recordar la conversación. Imperdonable. Era Grande en todo, cuando se le hablaba de los Premios Nacionales que tenía y demás añadía: “el verdadero currículum es cuando tú estás solo en tu cama y recuerdas todas las humillaciones que has tenido que tragarte, todo el miedo que tienes a envejecer, a morir y a que no se acuerden de ti, toda la tristeza que te he dado el perder una relación amorosa para siempre”.

“Una infantería de flamencos con la nevera vacía”

No hay consuelo. Sólo nos queda pregonar – como el Loco Macandé pregonaba sus caramelos por seguiriyas- que leerlo nos hace bien. Que sus esfuerzos por dignificar el flamenco no han sido en vano auqnue quede tanto por hacer. Se va sin ver ese teatro del flamenco en Madrid que tanto reclamó para esos “jornaleros del flamenco” de los que le gustaba hablar: “Este arte funciona bien sólo por arriba. Debajo hay una infantería de flamencos que tienen la nevera vacía” y se encabronaba pensando que la opera y la zarzuela tienen sus teatro con programación diaria. Hay que buscar ese libro genial -por desgracia descatalogado- dedicado a Paco de Lucía y Camarón con dibujos de David Zaafra. Hay que leer ahí al Grande más humano que reconoce su error con la familia Sánchez al contar en Memoria del Flamenco que el toque de Paco de Lucía nace de la rabia y la angustia por una infancia de apreturas. Antonio de Algeciras, el padre de Paco, llamó a casa de Félix tras leer un avance del libro en El País Semanal: “Mi mujer y mis hijos nunca pasaron hambre” recriminó a una Paca Aguirre paralizada.“Tengo ese grito de Don Antonio en algún lugar de mi alma, y cada vez que sube a mi memoria siento el deseo de brindar por su orgullo. Su odio a la palabra hambre era conmovedor. Más aún: era ejemplar. Lo menos que merece la palabra hambre y quienes la motivan y quienes la toleran es un odio instantáneo, duradero, inmortal. Don Antonio me estaba dando una lección civil, una lección política y yo no me di cuenta. Solo vi unas lágrimas en la cara de mi mujer y eso me hizo comportarme de una forma trivialmente colérica”.

Nos quedan también sus conferencias como la que pronunció hace unos par de años sobre Literatura y Flamenco en la Fundación Juan March y que puede escucharse en su web o como en la que compartió en La Casa Encendida con Juan Verdú y con el genial bailaor Mario Maya para hablar de la trayectoria de este y que podéis ver íntegramente en el siguiente vídeo. Nos quedará su cátedra flamenca instalada desde hace años en San Sebastián de los Reyes que seguro que nos sigue dando alegrías. Y nos queda su familia, sus dos mujeres, Paca y Lupe, dos escritoras y dos personas GRANDES, que sin duda van a seguir manteniendo viva la imagen de esos rizos blancos ensortijados que ya mismo vuelven.

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4 comentarios to “Félix Grande, que estás en los cielos”

  1. pedro CALZADO febrero 2, 2014 a 8:09 am #

    Espectacular artículo.

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  1. Lo que dicen de Paco | Flamencólicos - febrero 27, 2014

    […] a la fatal casualidad de la pérdida de dos grandes amigos en menos de un mes, Paco de Lucía y Félix Grande: “Paco está 10 mundos por encima del mundo”, recuerda que decía el poeta. Lucas se detiene en […]

  2. Miguel Rivera aferrado a su guitarra | Flamencólicos - julio 29, 2014

    […] como Yeyé, son de esos jornaleros del flamenco de los que nunca se cansó de hablar el maestro Félix Grande. Rivera se convirtió en nómada del flamenco robando aplausos desde Australia a Nigeria, de […]

  3. Flamenco: De un 2015 en barbecho a un 2016 de Bienal- | Flamencólicos - diciembre 23, 2015

    […] como bonus track un oblivion de Piazzola con la guitarra de Gallardo del Rey y letra de su admirado Félix Grande. […]

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