Se fue José Menese, el arranque ciego del flamenco

30 Jul
Foto Zalamealareal.blogspot.com

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“El arranque ciego, la sangre valiente y ese toro metido en las venas que tiene mi gente”, escribió Rafael Alberti sobre José Menese cuando, en su exilio en Roma, recibió su último disco. Se acaba de ir el cantaor que llevó el flamenco a la Universidad, la voz comprometida, un artista difícil, rebelde, de una talla muy grande. Julio de 2016 es ya el mes negro del flamenco tras la muerte de José, de Juan Habichuela y de Lebrijano. Descansen en paz. 

Acabamos de enteraros de la muerte de José Menese, un palo duro. Se va un pedazo de cantaor, un tipo particular pero sobre todo una persona solidaria. Y lo digo con conocimiento de causa. Por eso es de justicia. Cada vez que lo llamábamos para el festival de Solidarios nos pedía que nos viésemos debajo de su casa para discutirlo y de paso escaparse de Encarna a tomarse un trago. Ella ha sido hasta hoy su ángel de la guardia y mucho más. Una vez que estuve en su casa para entrevistarle me decía “Encarna es un ser especial, es un bicharraco, en lo positivo. Aguantarme a mí tiene tela”.
Nunca faltaba a cuantos festivales solidarios lo reclamaban. A nosotros siempre nos decía, “otra vez yo, bueno, si es por una buena causa”… Aunque las fuerzas fallasen, escucharle de nuevo en el San Juan Evangelista, sin plegarse a las modas, con su cante rancio, ortodoxo, desempolvando estilos, con ese deje de su maestro Mairena, con el que coincidió en Zambra, donde también estaban Rafael Romero, Perico del Lunar, Rosa Durán…con esa personalidad.

Menese había llegado a Madrid desde su pueblo La Puebla de Cazalla montado en una vespa que conducía el humorista gráfico Chumi Chúmez. Chumi le decía “si dejas de cantar, me paro”, así de Sevilla a Madrid.  A partir de ahí, de la mano de su mentor, el pintor y escritor Francisco Moreno Galván, frecuentó a lo mejor de la cultura de la época y los conquistó por su frescura y su curiosidad. Poco a poco se convirtió en una pieza imprescindible de cualquier festival, en una atracción que le llevó a conquistar el Teatro Olimpia de París, entre otras grandes ciudades. Con 20 años su nombre ya aparecía en la enciclopedia Larousse.
Los últimos años no habían sido fáciles, varios bypass y arrechuchos de distinto tipo le impedían actuar con regularidad. De hecho había faltado por enfermedad hacía un par de semanas a la Reunión de Cante Jondo de su pueblo. Ya no aguantó más pero nos deja mucho.
En uno de esos festivales lo presentó Félix Grande. Él poeta, que no era falto de palabra, prefirió recitar de memoria lo que Rafael Alberti escribió del cantaor. Como entonces, poco se puede añadir.

A la voz de José Menese
“Tan solo penando

sin saber que un día
una voz que me vino de lejos
me consolaría.
Voz que me cantaba
los años oscuros,
la fatiga de todos mis muertos
entre cuatro muros.
El arranque ciego,
la sangre valiente,
ese toro metido en las venas
que tiene mi gente.”

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