Camarón: flamenco y revolución. Retrato de cuerpo entero del mito y del hombre

2 Jun

CAMARÓN_FLAMENCO-Y-REVOLUCIÓN-2Tan real como un correazo en la espalda. Así es Camarón: Flamenco y Revolución, la biografía audiovisual que acaba de estrenarse, un viaje que se inicia con una sonrisa y se termina, 104 minutos después, con una mueca de rabia en la cara por una historia que se torció. El director Alexis Morente no esquiva polémicas ni fracasos en un collage intenso de imágenes ensartadas por un guion magistral que toma vuelo en la voz de Juan Diego.

Una figura como la de Camarón ha dado para todo tipo de documentales, películas y reportajes, pero ninguno hasta el momento había abordado su figura de cabo a rabo. Películas como las de Isaki Lacuesta, la de Sánchez Montes o la de Jaime Chavarri -con la inolvidable actuación de Óscar Jaenada – son dignas de mención pero no cierran el círculo de su vida. Camarón: flamenco y revolución es una obra completa y vibrante de la biografía del genio sin paños calientes, que repasa la España que le tocó vivir, entre 1950 y 1992 y el flamenco de esos escasos años. También es  un tributo al pueblo gitano que como cuenta el guión “tiene la persecución escrita en su ADN”.

Dice Alexis Morante que cuando le llegó el encargo de hacer la película supo de inmediato que no quería grabar nada nuevo. “Quería ver a Camarón hablar, quería ver a sus contemporáneos, a los que estaban inmersos en su vida y no quería ver hoy a gente hablando de él”, ha comentado el director. Para que el resultado no quedase como un dejà vu constante era necesario –además de rebuscar material inédito debajo de las piedras- aplicar las mejores técnicas audiovisuales, desde vistas aéreas con drones, dibujos animados o fotografías que cobran vida. Tres recursos hilvanan con ritmo las imágenes de archivo: una banda sonora increíble  que te clava alfileres a cada rato para mantener los nervios alerta; imágenes metafóricas de caballos salvajes, quizá repetidas en exceso; y un guión sensacional – del propio Morante y de Raúl Santos– que interpreta con gracia y enjundia el actor sevillano Juan Diego.

Esos patios de vecinos eran toda una escuela de lo tuyo es mio y lo mio es tuyo, y lo nuestro es de los dos. Donde siempre había un ojo en una ventana pa cuidar a los chiquillos de los demás. Allí se lloraba en común una muerte y se cantaba un bautizo”

Un guion que ayuda a entender lo que tenía que haber sido el cuento de hadas de un niño en aquella “Isla de la miseria, la de las callejuelas sin más empedrao que un chino pelao que se clavaba en los pies descalzos”. Un niño “tan rubio, tan blanco, tan menuo que su tio Joseíco le puso Camarón y se le quedó para siempre”. El cuento que tenía que haber sido y no fue.

Entra las grandes virtudes de la película está no hacer ni el mínimo intento por esconder los fracasos que acompañaron a Camarón desde sus titubeantes comienzos en Madrid. “A Camarón lo metían todos los días pa dentro. Veían un niño con los pelos mu largos y se presentaba cantando por soleá y por seguiriyas y la gente decían esto no…y una pitá. Y entraba todos los días llorando” comenta Curro de Utrera; o el primer intento con una discográfica: “El dueño de Torres Bermejas le manda una cinta a Polidor para que le graben un disco al chiquillo y desde ahí la devuelven diciendo ese hombre no tiene futuro en el flamenco. ¡La leche que mamaron!”, dice Juan Diego entre risas. También se aborda el rechazo de crítica y público al mítico disco La Leyenda del Tiempo y aquel accidente mortal de tráfico que le costó una condena de un año de prisión menor.

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Tampoco se ha pasado por alto la amarga polémica por los derechos de autor con la familia de Paco de Lucía que distanció a los dos genios del flamenco y sus entornos, en los últimos años de su vida. Por si quedaran dudas, la cinta muestra a Camarón canturrendo una letra para su amigo en la grabación de su último disco: “Ay, Paco de Lucía, el que no lo quiera, le quiten la vía”.

Sustancias para ensanchar el boquete del pecho

“El flamenco siempre ha necesitado ir de la mano de sustancias, de estupefacientes, vamos, algo que le ayude al cantaor a ensanchar ese boquete en el pecho y darle un empujoncito al alma pa que suba a la garganta”, cuenta el narrador sobre imágenes de toneles y vino escanciado. Y ahí es donde la película nos cambia el gesto. A nosotros y a él. De esa cara llena, esa sonrisa que vale un mundo, esa energía y esa frescura en el cante de su mejor época….se pasa a una metamorfosis que duele. Las imágenes –unas conocidas y otras de álbumes caseros – muestran ese rostro que es todo fauces y pómulos, y unos ojos hundido que transmitían perdición. A su lado, la cara de Tomatito es un poema…

De esa época son una imágenes inéditas rescatadas de un VHS en las que Camarón aparece con una falda pantalón en el jardín de su casa, deambulando con su guitarra. Tiene la mirada perdida como esperando que la sonanta le susurre una salida al insoportable lío en el que andaba metido. Las grabaciones de los conciertos de Paris, Nueva York (con Ketama y El Último de la Fila en el cartel) y del Festival de Montreux, en Suiza, invitado por Quincy Jones, con Moraíto de segunda guitarra y El Pele a los coros, dejan un gusto agridulce.

En una película cosida con trozos de otras producciones se echan en falta referencias audiovisuales, pistas sobre las fuentes principales que alimentan este collage. La primera parte de la misma se basa en Rito y Geografía del Cante, la magnífica serie de Gómez, Turbica y Velázquez-Gaztelu para TVE que retrata de forma magistral el flamenco de los años 70. La voz de su conductor, José María Velázquez Gaztelu, comparte protagonismo con la de Juan Diego en algunas partes de los pasajes del documental. Otros ejemplos que merecían ser referenciados por ser imágenes de autor son los fragmentos de Carmen Amaya en la película Tarantos, de Rovira Beleta, o esa seguiriya (cuya autoría no conocemos) de un camarón joven tras el que se abre una puerta al atardecer. Sí se anota sin embargo Casa Flora, la película que en 1973 significó el debut en el cine del cantaor.

Nota de despedida

Que el de La Isla canta cada vez mejor es un hecho cierto 26 años después de su muerte. La dimensión de su figura sigue creciendo y es por eso que un documental como este es totalmente necesario en tiempos de contenidos ligeros y efímeros. La desmesura que acompañó sus últimos años de vida se hace patente en las imágenes de su entierro que abren y cierran la película. Casi al terminar la cinta se muestra un detalle menos conocido, la nota que Camarón escribió –probablemente aturdido por la morfina y por la muerte al acecho- y que encontró una enfermera entre las sábanas: “Jóvenes y mayores. Dense cuenta que estamo viviendo una vida mundiana que no merese la pena vivir. Porque es mui bonita la vida y tu ties que fortalecerte y tener clonpleta fes en Dios y en ustedes mismo. Con simpatía y cariño. De este que lla es libre. Camarón”.

notacamaron

Enlace relacionado. Johny: el último escenario de Camarón

 

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